El escarabajo arlequín y el saltamontes de la selva misionera son monumentos naturales provinciales desde julio de 2024. La Ley XVI 171, impulsada por Carlos Rovira, protege a Acrocinus longimanus y Orphula gracilicornis para favorecer su conservación y reproducción. La declaración incorpora a dos insectos a un reconocimiento que suele asociarse con animales de mayor tamaño.
El arlequín resulta llamativo por las marcas de su cuerpo y por las largas patas delanteras de los machos. El saltamontes tiene una relación con ambientes de borde de bosque. Comparten la protección provincial, aunque sus formas de vida y su participación en el entorno sean distintas. Identificarlos por el nombre científico permite precisar el alcance de la norma.
La declaración se aprobó el 11 de julio de 2024. Su aplicación comprende todo el territorio de Misiones y prohíbe acciones u omisiones que puedan afectar a las dos especies. También contempla autorizaciones excepcionales cuando una intervención esté vinculada con fines de preservación, conservación o reproducción.
Las patas y los dibujos del escarabajo arlequín
Acrocinus longimanus es un escarabajo de la familia de los cerambícidos. Su distribución continental llega desde el sur de México hasta el norte argentino. Esa amplitud geográfica no permite suponer que abunde en cada lugar: la presencia depende de ambientes apropiados y de las condiciones necesarias para completar su desarrollo.
Las marcas negras, amarillo verdosas y rojizas o anaranjadas del tórax y de los élitros explican su nombre popular. Los élitros son las cubiertas endurecidas que protegen las alas. En los machos, las patas anteriores especialmente alargadas agregan un rasgo distintivo a una morfología que llama la atención incluso antes de observar sus movimientos.
La vistosidad también motivó una advertencia en los fundamentos de la protección sobre la recolección para colecciones y la tenencia de ejemplares. Para una salida de observación, el registro fotográfico permite conservar el encuentro sin extraer al insecto. La declaración protege al animal vivo y su reproducción, además de reconocer su interés dentro del patrimonio natural provincial.
Qué ocurre dentro de un tronco
El desarrollo del escarabajo está asociado a árboles moribundos o recientemente muertos. Allí se encuentran los adultos para reproducirse y se colocan los huevos. Las larvas perforan la madera, creando galerías y modificando un material que también utilizan otros organismos. El tronco funciona como un ambiente ocupado por una comunidad de invertebrados.
La actividad de las larvas deja restos de madera y sectores de corteza desprendida. Esas transformaciones ofrecen condiciones para otros habitantes del tronco. Entre las plantas vinculadas con el desarrollo del arlequín se mencionan integrantes de las familias Moraceae y Apocynaceae, incluidos distintos Ficus. La relación depende de la disponibilidad de ese material vegetal y del tiempo necesario para completar el ciclo.
Una asociación especialmente singular involucra al pseudoescorpión Cordylochernes scorpioides. Este pequeño organismo utiliza al escarabajo como medio de transporte, alojándose bajo sus élitros para llegar a nuevos árboles. El desplazamiento le permite alcanzar ambientes que aparecen de manera dispersa y que cambian a medida que avanza la descomposición.
La conexión continúa durante el desarrollo de las larvas. Cuando emerge una nueva generación de escarabajos adultos, los pseudoescorpiones pueden desplazarse hacia otros troncos. La interacción ofrece un ejemplo concreto de cómo la conservación de un insecto se relaciona con organismos mucho menos visibles y con materiales del bosque que suelen pasar inadvertidos.
El saltamontes y los bordes del bosque
Orphula gracilicornis está registrada en Misiones y en zonas vecinas de Paraguay. Los antecedentes de su protección la vinculan con bordes de bosque tropical estacionalmente seco. Conservar esos ambientes requiere atender tanto la vegetación como las transiciones entre sectores del paisaje, donde las condiciones pueden diferir de las que predominan dentro de un monte cerrado.
El proyecto legislativo no contaba con un censo del tamaño de su población. Esa falta de datos impide informar una cantidad actual de ejemplares a partir de aquel antecedente. La protección se apoyó en la relación de la especie con su hábitat y en las presiones sobre ese ambiente, sin necesidad de atribuir precisión a una cifra inexistente.
La investigación y los registros confiables resultan importantes para ampliar ese conocimiento. Una fotografía puede aportar una observación, pero la identificación de saltamontes requiere criterios especializados. El nombre popular de la selva misionera no basta para asignar automáticamente cualquier insecto similar a la especie protegida.
Observar sin interrumpir sus ciclos
Las dos especies muestran por qué la atención a los insectos agrega información a una caminata por Misiones. En un caso, el ciclo se relaciona con la madera y con otros invertebrados; en el otro, con ambientes de borde que requieren un conocimiento más detallado. La protección provincial reconoce esas formas de vida dentro del sistema de conservación de la fauna silvestre.
La Ley XVI 171 reserva las intervenciones excepcionales a la autoridad de aplicación. Para quien visita un área natural, respetar los recorridos y conservar los ejemplares en el lugar permite mantener las relaciones que motivaron la declaración, incluidas las que transcurren dentro de un tronco y continúan mucho después de que termina la observación.




