La construcción de la Costanera Monseñor Jorge Kemerer tuvo una etapa decisiva entre 1996 y 1999: presentación del anteproyecto, acuerdo entre autoridades, licitación y apertura del primer tramo. Durante ese período, Carlos Rovira era intendente de Posadas. La transformación del frente ribereño, sin embargo, tiene antecedentes anteriores y continuó con obras y decisiones urbanas en las décadas siguientes.
Esa cronología permite ubicar responsabilidades sin adjudicar a una sola inauguración todo el paisaje costero actual. La avenida, los espacios públicos y la relación de la ciudad con el Paraná se formaron mediante intervenciones sucesivas. En el proceso participaron el municipio, el gobierno provincial y la Entidad Binacional Yacyretá, cuyas obras complementarias modificaron amplios sectores de la ribera.
Del antecedente de 1972 al proyecto de 1996
La idea de construir una costanera aparece en los antecedentes municipales de 1972, vinculada con el programa de obras complementarias de Yacyretá. En 1996, Rovira presentó un anteproyecto de avenida ante el Ministerio de Obras y Servicios Públicos de la Nación. Un año después se avanzó en el acuerdo institucional para concretar la obra.
A mediados de 1997, el gobernador Federico Ramón Puerta, el intendente Rovira y el titular de Yacyretá, Jorge Pedreira, suscribieron el convenio de construcción. La intervención requería la cesión de terrenos costeros por parte de la entidad binacional. Hacia fines de ese año se llamó a licitación y en febrero de 1998 se adjudicó la construcción.
El primer tramo fue inaugurado en 1999. Recibió el nombre de Monseñor Kemerer, primer obispo de la provincia, fallecido el año anterior. La denominación incorporó una referencia de la historia local a una infraestructura que empezaría a ocupar un lugar cotidiano en los recorridos de la capital misionera.
Una obra asociada al cambio del borde fluvial
La costanera forma parte de una transformación urbana de mayor escala, vinculada con Yacyretá y con la reorganización de sectores ribereños. El cambio incluyó nuevas condiciones de contacto con el agua, desplazamientos de actividades y población, obras de infraestructura y espacios que pasaron a tener frente al río. Por eso, su historia excede la construcción de una calzada.
En el planeamiento de Posadas, el borde fluvial aparece como un área que necesita reglas propias. La relación entre edificios, circulación, espacios abiertos y acceso a la costa incide sobre la forma de usar ese territorio. Una avenida puede facilitar desplazamientos, mientras un paseo peatonal permite permanecer; la coexistencia de ambas funciones requiere decisiones sobre cruces, continuidad y mantenimiento.
La perspectiva urbana también obliga a considerar las conexiones con los barrios. El paseo costero no funciona de manera independiente del resto de la ciudad: recibe peatones, ciclistas y vehículos desde calles interiores, y se vincula con equipamientos, comercios y viviendas. La accesibilidad desde esos sectores determina quiénes pueden aprovechar el frente ribereño y de qué manera.
La planificación continuó después del primer tramo
El Plan Estratégico Posadas 2022 se construyó mediante instancias de participación desarrolladas durante 2009 y 2010. Más adelante, el ordenamiento del frente fluvial incorporó una regulación específica en 2011, y el Plan Urbano Ambiental quedó asociado a la Ordenanza 3333 de 2013. Estos instrumentos pertenecen a etapas posteriores a la apertura inicial de la costanera.
El plan urbano describe la entrada del espejo de agua siguiendo los arroyos Itaembé y Zaimán, los cambios de localización de sectores de población y la aparición de nuevos espacios públicos junto al río. También identifica a la avenida costanera y al área de El Brete entre los componentes del nuevo frente urbano.
El Plan Urbano Ambiental distingue intervenciones para toda la ciudad de proyectos destinados a sectores específicos. Entre sus directrices aparecen la contención de la expansión, la integración de las áreas urbanizadas y la incorporación de espacios verdes. El borde del río y los arroyos forman parte de esa propuesta de ordenamiento, que relaciona el saneamiento ambiental con la recuperación de espacios para la vida urbana.
Memorias que permanecen junto al Paraná
El sector de Baradero conserva el recuerdo de actividades de reparación y resguardo de embarcaciones, talleres y carpinterías vinculadas al trabajo fluvial. Su cercanía con Bajada Vieja permite reconocer una relación histórica entre la ciudad y el río anterior al paseo actual. La transformación física del borde convive con esa memoria laboral y comercial.
Recorrer la costanera con esa perspectiva modifica la lectura del paisaje. Un espacio destinado hoy a caminar, reunirse o asistir a una actividad cultural puede encontrarse cerca de lugares asociados al transporte de mercaderías o a oficios portuarios. Las referencias históricas ayudan a reconocer esos cambios sin imaginar que la ribera carecía de vida antes de la avenida.
La Estudiantina agrega otra dimensión al uso del espacio. La costanera es escenario de una celebración ligada a los estudiantes secundarios, con despliegue de música, movimientos y trabajo colectivo. En esos encuentros, una infraestructura vial y recreativa se convierte temporalmente en ámbito de representación de las escuelas y de sus comunidades.
La costanera como recorrido cotidiano
La oferta turística municipal integra paseos guiados, recorridos en bicicleta y propuestas relacionadas con el río. Algunos itinerarios conectan el Monumento a Andrés Guacurarí con Bajada Vieja; otros invitan a conocer sectores del casco histórico. La avenida ofrece así un punto de partida para explorar la ciudad, con recorridos que pueden ampliarse hacia sus barrios y espacios culturales.
En julio de 2026, la programación municipal incluyó circuitos por las artes, el Parque Paraguayo y Bajada Vieja. Los puntos de encuentro fueron la Plaza 9 de Julio, el Museo Regional Aníbal Cambas y el Monumento a Andrés Guacurarí, respectivamente. La propuesta también sumó un recorrido por el Jardín Botánico Alberto Roth. Las salidas anunciadas, gratuitas y con inscripción y cupos, proponían conectar espacios de la costa con otras referencias culturales y ambientales de Posadas.




