Burrito ocelado fotografiado en Pompéu, Brasil, en enero de 2023. Imagen de la especie, no del registro de Campo San Juan.

Entre los pastos altos de Campo San Juan vive un ave pequeña que suele resultar más fácil de escuchar que de ver. El burrito ocelado se desplaza oculto en la vegetación y rara vez vuela ante el observador. Su presencia incorpora a Santa Ana un motivo de interés natural que puede pasar inadvertido en una mirada concentrada solamente en la selva: la conservación de los pastizales del sur misionero.

Ese vínculo dio origen a una propuesta de Carlos Rovira para declarar a Santa Ana Capital Provincial del Burrito Ocelado e instituir allí el Festival Provincial de Aves y Conservación del Sur de Misiones. El expediente D-65832/24 fue presentado en septiembre de 2024. En el registro legislativo consultado mantiene el estado de presentado, por lo que esas denominaciones no deben anunciarse como declaraciones provinciales ya sancionadas.

Un ave de los pastos altos

El proyecto identifica a la especie como Rufirallus schomburgkii. También aparece en publicaciones de Parques Nacionales con el nombre Micropygia schomburgkii. Pertenece a la familia de los rálidos, donde se encuentran gallinetas y gallaretas, aunque su ambiente característico puede quedar lejos del agua. Los pastizales y pajonales densos ofrecen la cobertura que necesita para moverse.

Su plumaje combina tonos anaranjados y sepia en la cabeza y el pecho. Las patas rosadas, los ojos rojos y los puntos claros rodeados por bordes negros completan una apariencia distintiva. Estos últimos dibujos, los ocelos, explican su nombre común. El tamaño pequeño y la costumbre de permanecer entre la vegetación hacen que reconocer esos rasgos en una visita sea difícil.

Los fundamentos legislativos describen pastizales naturales altos, con pendientes suaves, afloramientos basálticos y cercanía a parches de selva. Esa descripción muestra un ambiente heterogéneo: el ave no depende de una superficie simplemente despejada, sino de una cobertura vegetal con características propias. La pérdida y fragmentación de ese hábitat figuran entre los problemas de conservación señalados en la propuesta.

Campo San Juan y los registros de la especie

En febrero de 2024, la Administración de Parques Nacionales informó la obtención de fotografías, videos y registros sonoros del burrito ocelado en distintos sectores de Campo San Juan. Participaron guardaparques, técnicos y especialistas externos, con aportes de Bernabé López-Lanús y Sergio Moya. La comunicación señaló que se trataba de los primeros registros desde la creación del parque y recordó la detección de la especie en el lugar en 2020.

El dato ayuda a dimensionar el trabajo de observación. La presencia de una especie en el emblema de un área protegida no significa que aparezca fácilmente ante cada visitante. Escuchar, registrar y verificar sus señales requiere trabajo de campo; una fotografía es resultado de ese proceso y no una garantía de avistamiento durante un paseo.

Campo San Juan pertenece a la ecorregión Campos y Malezales. Allí se combinan pastizales, pajonales, áreas inundables, pedregales, isletas de monte y selva en galería junto a los cursos de agua. El área conserva también rastros del antiguo Ingenio San Juan. Su interés natural y cultural se sostiene en esa diversidad de ambientes y testimonios, más amplia que la presencia de una sola especie.

Un festival que une observación y conservación

El proyecto de Rovira recoge una experiencia anterior a su presentación. Sus fundamentos señalan que Santa Ana recibió el Festival de Aves y Conservación del Sur de Misiones en 2022 y 2023, y que en ese momento se preparaba la edición de octubre de 2024. La iniciativa legislativa buscaba establecer una sede permanente y reconocer el trabajo asociado al encuentro, no atribuirse su creación.

El documento identifica como participantes a naturalistas, científicos, observadores de aves, fotógrafos y personas vinculadas con reservas públicas y privadas. El punto de encuentro era el interés por conocer los ambientes del sur provincial y compartir prácticas de conservación y restauración. La observación de aves formaba parte de una conversación más amplia sobre fauna, flora y recursos culturales.

Entre los temas reseñados figuran la restauración de ambientes, los sistemas fluviales, las especies exóticas invasoras y la aplicación de herramientas digitales. También se mencionan ciencia ciudadana, interpretación ambiental, insectos, plantas medicinales y patrimonio histórico y arqueológico. Las actividades combinaban disertaciones en el municipio con salidas a Campo San Juan y a reservas privadas de la zona.

El reconocimiento propuesto y sus límites

Los artículos del expediente plantean celebrar el festival en octubre y destacar las tareas de conservación, restauración y turismo de naturaleza realizadas en Santa Ana. Esa formulación vincula una identidad local con acciones concretas sobre el territorio. El borrador legal no contiene, sin embargo, una agenda vigente ni permite anticipar fechas, cupos, recorridos o inscripciones de ediciones posteriores.

Para quien quiere conocer este ambiente, la distinción es útil. El reconocimiento institucional de una especie, la programación de un encuentro y las condiciones de visita de un parque son cuestiones relacionadas que se comunican por canales diferentes. La propuesta provincial puede explicar el interés por el burrito ocelado, mientras que una salida requiere información actual del lugar y de sus responsables.

Santa Ana reúne así dos escalas de observación. A distancia, los pastizales parecen formar una extensión continua; de cerca, contienen refugios y señales difíciles de advertir. El burrito ocelado permite detener la mirada en esa vida discreta. Conservar su ambiente también supone reconocer el valor de los campos naturales que acompañan a la selva dentro del paisaje misionero.